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Nací
en Pistoia (Italia) el 14 de octubre de 1884. Mi padre, que había
combatido en todas las campañas contra Austria, fue Coronel
retirado en la misma fecha y llegó a ser propietario de una
fábrica de mineral, para la que yo estaba predestinado a
ser el contable. Tuve tres hermanos, y cada uno de ellos esperaba
tomar parte en los negocios de la fábrica.
Mi padre pasó la mayor parte
de su vida en la Armada y, falto de experiencia en negocios fue
obligado a desprenderse de la fábrica. A partir de entonces
todo cambió. Uno de mis hermanos se unió a la Armada,
otro fue fotógrafo y el tercero fue comerciante de sellos.
A los dos últimos les debo la fundación de La Philatelia
d'Art. En 1892 el comerciante de sellos fue también el propietario
y editor de La San Marino, uno de los primeros periódicos
filatélicos.
Continué sin interrupción
mis estudios de contabilidad en el "Institute Technique de
Bolonie", pero el mayor interés que ocupaba mi tiempo
libre era trabajar con mi hermano en su estudio con los productos
químicos que él utilizaba.
Cuando tenía 15 años,
un día, paseando por Bolonia, ví en una librería
12 volúmenes de L 'Enciclopedia di Chimica del Dr. Selmi
al precio irrisorio de 50 liras. Dejé a cuenta las 2 liras
que llevaba en el bolsillo y corrí a casa a contar mis ahorros.
Casi 6 liras. Expliqué la situación a mi madre, intentando
hacerla comprender que con esos libros podía estudiar, inventar
y hacer dinero y así conseguí la Enciclopedia. Había
encontrado mi vocación: la Química. Una vez casi incendio
la casa de Bolonia experimentando con fósforo y sulfato de
carbono.
Mi hermano añadió un
anexo a su estudio fotográfico para dedicarlo a Arte gráfico.
Allí trabajó en heliografía y contacto fotográfico
haciendo postales e ilustraciones de libros. En todos esos procesos
en los que la química jugaba un importante papel yo ayudaba
entusiasmado a mi hermano.
Le seguí a Turín donde
tuvo mucho éxito estableciendo dos tiendas de trabajo de
Artes Gráficas, La Fotocelere y L 'Argentografica, donde
emprendí trabajos de investigación de mis propios
cálculos con objeto de perfeccionar algunos procesos. Así
adquirí conocimientos de grabado, litografía, fotografía,
heliografía y algunos aspectos de química.
Por una circunstancia casual, pude
adquirir conocimientos de "papel", cosa que debo a uno
de mis primos, el "Commendatore Floridi", que poseía
en Guarcino (Italia), de cuya localidad era el alcalde,'una fábrica
de papel.
Un año fuí invitado
a pasar las vacaciones en su casa y, aprovechando la oportunidad,
pasé el tiempo en la fábrica, donde pasaba la mayor
parte del día tomando notas.
Mis conocimientos del papel fueron
en aumento, desde la preparación de la limpieza hasta el
aspecto de las hojas. Pero en mi mente se había revelado
desde mis primeros años una curiosa tendencia: la pasión
por la imitación. Hacía ver a mis hermanos la exacta
manera que yo era capaz de imitar las firmas de mi padre y de mi
madre.
En la escuela de Pistoia -cuando
yo tenía aproximadamente 10 años- teníamos
un profesor que, como método de dar buenas notas, daba al
alumno un pequeño rectángulo de papel con su firma.
Algunos alumnos, viendo la aptitud que yo tenía para imitar
su firma, me pedían que la hiciese para ellos en trozos de
papel, que eran aceptados sin poner pegas.
Amante de la química, las
artes gráficas y la imitación, estas son mis debilidades
que, entrando en contacto con la filatelia, fueron inevitablemente
destinadas a conducirme a Philatelie d 'Art.
He dicho "entrando en contacto
con la filatelia", y , ¿por qué? Como ya he dicho,
tenía un hermano mayor, ahora fallecido, que había
estado en el mercado de los sellos. Un día, este hermano,
consciente de mis intereses y talentos, me persuadió para
reproducir unos sellos de San Marino, que eran su especialidad.
No fuí capaz de negarme, teniendo curiosidad a la vez por
descubrir si estos tres factores podían ser puestos en práctica
y convencer.
Usé el grabado y la litografía
a la vez y los resultados fueron sólo pasables, pero fue
el primer paso en el arte de la imitación.
Mi hermano tuvo un juicio en Italia
del que salió absuelto. Eso, sin embargo, fue su negocio
ya mí no me afectó. Mi búsqueda había
sido satisfecha. Eso fue todo.
Desde entonces mis enemigos -jugando
con el nombre de mi familia- trataban de insinuar que yo era culpable
de las falsificaciones en Italia, cuando yo nunca había intervenido
en ellas.
Incluso me ví obligado a seguir
un procedimiento legal para poder proceder contra dos periódicos
y forzarlos a corregir sus declaraciones sobre mí.
Desde la primera de estas imitaciones
de San Marino, se había despertado mi amor propio por descubrir
si era posible mejorarlos con mis conocimientos de Artes Gráficas.
En 1909, yendo a París con
objeto de anunciar los productos de mi hermano, conocí a
muchos filatelistas y, como cosa curiosa, les pedí opinión
sobre algunas imitaciones que había hecho y que llevaba conmigo.
Uno de ellos me dejó un sello
auténtico y me dijo que, cuando tuviera tiempo libre, me
entretuviera imitándolo y que le enseñara el resultado.
Así lo hice.
Volví a ver a ese filatelista
más tarde y me dijo que había enviado mi imitación
a un conocido experto, M. Thier, de Berlín, que se lo había
devuelto firmado.
Como resultado de esto hice mi plan.
Comencé un proyecto para obtener documentación sobre
la incapacidad de los expertos para descubrir mis imitaciones, ya
sean expertos profesionales o comerciantes, para ofrecer mis productos
como "trabajo de arte", con la condición de tener
justificada la opinión de los expertos.
Para conseguir mi ambición,
pasé más de cuarenta años durante los cuales
dediqué todo mi tiempo libre (de otras ocupaciones, viajes
comerciales y negocios en París), permitiéndome mejorar
mi Philatelie d'Art.
Había triunfado: Un Libro
de Oro conteniendo cientos* de imitaciones garantizadas,** o certificados
de garantía de expertos y comités de expertos de Francia
y el Extranjero fueron la prueba. Hasta ahora todo estaba bien,
pero era necesario darme a conocer.
Mis dos juicios que provoqué,
uno en Chambéry, donde vencí a un célebre criminólogo,
y el otro en París, suministraron los medios.
A continuación de los dos
juicios, los periódicos, revistas, etc., de los cinco continentes,
publicaron mis habilidades, mi campaña contra los expertos
y mis negocios.
Gracias a esta propaganda, Philatelie
d'Art, llega a ser más conocida, y actualmente ningún
especialista avanzado en el mundo ignora que Philatelie d'Art está
ligada al nombre de Jean de Sperati.
* Nota: El número
actual de sellos diferentes era 124 y la duplicación llegó
a un total de 234. El número de expertos a los que fué
sometido Sperati fueron 17, nueve en Alemania, tres en Francia,
dos en Inglaterra y uno en Italia y España.
** Firmados por
detrás.
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