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ACUEDUCTO
ROMANO DE CAN CUA
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La ocupación
romana de la Península, se realizó a partir
del año 218 a. C. y poco a poco se fue produciendo
la sumisión de los pueblos iberos que entonces formaban
su población autóctona.
En Pineda de Mar, existía un
poblado ibero en la cima del Montpalau, donde hoy día
todavía pueden encontrarse superficialmente restos
de cerámica. Los pobladores en esos tiempos formaban
parte de las tribus de los Laietanos.
Los romanos al entrar en la Península,
integran a esos pobladores a su cultura, lengua y costumbres,
produciéndose lo que se denomina romanización.
En el siglo I antes de J.C. los iberos
abandonan los poblados interiores y bajan a la plana y al
litoral. De esta época son las poblaciones de Baetulo
(Badalona), Iluro (Mataró) y Blandae (Blanes), y la
carretera que discurría entre ellas era la denominada
Vía Augusta.
Entre
ellas aparecieron pequeños asentamientos urbanos, que
se denominaron, vilas que se dedicaban exclusivamente a la
agricultura y ganadería. En Pineda, se encontraron
en Marzo de 1996, los vestigios de una de esas vilas, cerca
de Can Roig, era el cementerio romano de Can Bel, datado entre
el siglo I antes de J.C. y el siglo I de la Era Cristiana.
Su aparición fue casual en el proceso de construcción
de un edificio de viviendas.
Dentro
del mismo término de Pineda, en la zona de montaña,
existe un resto arqueológico romano importante, este
es el acueducto de Can Cua, que se iniciaba un poco más
hacía la montaña, en Can Bufí, en un
lugar donde se podía hacer una balsa que recogía
el agua de la riera de Pineda, y desde allí era conducida
hasta el actual Can Roig, donde se han encontrado vestigios
de una balsa o lacusromano.
El acueducto se realizó entre
los siglos II y III de nuestra era. Tenía una longitud
real de 3,5 Km., y su
canalización
era subterránea en su mayor parte. El resto arqueológico
actual esta formado por cuatro arcadas
que salvan el torrente de Can Cua, además de conservarse
algunos fragmentos de muros y canalizaciones.
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EL
SELLO MÁS CARO DEL MUNDO
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El sello más
prestigioso del mundo, es el 1 céntimo negro sobre
papel magenta de la Guayana inglesa, emitido el año
1856, sin dentar e impreso en Georgetown. Se imprimió
sobre papel couché, es decir un papel con una superficie
semiopaca y brillante. Los colores se estropean fácilmente
y se rayan a no ser que se protejan en un álbum con
hojas de papel cristal.
Forma parte de una serie de tres valores,
en los cuales se puede ver las inscripciones British,
Postage y Guaiana, dentro de su recuadro una frase en
latín Damus Petimus que Vicissim (damos
y pedimos recíprocamente), y en el centro del dibujo
un velero, de parecidas características a los de las
primeras emisiones de Guayana inglesa. Cada uno de estos sellos
lleva también una firma manuscrita, presumiblemente
del director de correos.
El
1 céntimo de Guayana inglesa es una pieza única,
es una gran rareza, aunque el sello no destaca por su belleza.
Además su estado es muy precario y se encuentra un
tanto deteriorado, y todas las reproducciones que de él
se hacen, se encuentran retocadas. Este esta obliterado en
Demerara (antiguo nombre de Georgetown) y con los cuatro ángulos
cortados.
El
ejemplar fue encontrado por un muchacho de Demerara, entre
viejos papeles mucho tiempo después
de su emisión.
El Guayana rojo, formó parte
de la colección de Felipe Arnoldo La Renotierre de
Ferrari. El gobierno francés tras la Primera Guerra
Mundial, requisó la colección Ferrari, poniéndola
en subasta en 1920. La pieza fue adquirida por Arthur Hind
en aquel tiempo por 1.300.000 pesetas.
Al dispersarse la colección
Hind en 1935, el sello pasó a otras manos, encontrándose
en la actualidad entre las posesiones de un banco Norteamericano.
La última vez que se expuso fue en 1956, con motivo
del centenario de este sello. Su valor es incalculable y ningún
catalogo precisa la cotización del mismo, aunque fue
valorado en los años setenta en 40,000.000 de pesetas.
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